martes, 24 de julio de 2007

Testimonio de Benito García Rojo

"Salí a la calle y esperé, entonces me percaté, se trataba de que todas aquellas personas marchaban a Alicante para embarcar e iniciar el camino del exilio. Como tantos miles de españoles lo intentaron para escapar de la dura represión de los vencendores, y como a tantos, les pasó, se quedaron esperando el barco de la esperanza que les sacara del infierno del puerto alicantino, donde muchos perdieron la vida suicidándose, como lo hizo el alcalde liver de Alzira, con una navaja barbera, ante la mirada atónita de sus compañeros, poniendo de esta manera fin a su existencia.
(...)
Estos compañeros paisanos míos, al no poder salir del puerto de Alicante fueron trasladados al funesto campo de los Almendros, situado a las afueras de Alicante en la carretera de Valencia. Un terreno no uniforme y árido, que había sido previamente rodeado de un denso despliegue de alambradas. Desde este campo miles de personas que no pudieron escapar fueron conducidos a su lugar de origen.
Este triste campo de los Almendros para los perdedores, a los pocos días de ser ocupado parecía un fantasma en medio del desierto, los árboles sin corteza, sin flores, sin ramas, pues habían sido devorados por las hambrientas personas allí concentradas. No fue menos el otro campo de Albatera".

(Benito García Rojo: De la memoria histórica. Episodios que yo viví. Notícies sindicals CCOO. Federación de pensionistas, jubilados y minusválidos de CCOO del PV. Nº 78, segundo trimestre 2007, p. 18)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tengo treinta y cinco años y nací en Alcoi. Hasta hace 10 viví en Ibi, y toda mi formación (EGB, BUP, Universidad) la recibí en la provincia de Alicante. Hace 10 años me fui a vivir al País Vasco y fue allí donde alguien me habló por primera vez del campo de los almendros y de Max Aub en un curso de literatura. Hasta entonces nadie me había contado que en Alicante fue donde terminó la guerra civil, ni que había habido campos de concentración y barcos que nunca llegaron y eso me indigna terriblemente. Por ello quiero dar las gracias a todos aquellos que a través de su testimonio procuran que la historia no se olvide y que además llegue a todos aquellos a los que, a pesar de haber crecido en tiempos de democracia, nadie se atrevió a contarles toda la verdad de lo ocurrido en la tierra en la que habían nacido.